Hasta pronto, gran señora Yola Portugal Lizarazo
Hay despedidas que duelen más porque están ligadas a los recuerdos de toda una vida. Hoy me toca despedir a una gran dama abanquina, una mujer de enormes virtudes, de trato amable, sonrisa espontánea y ocurrencias que generaban confianza y alegría en quienes tuvimos la dicha de conocerla. A la señora Yola Portugal Lizarazo la conocí desde muy niño, cuando transitaba diariamente rumbo a mi colegio Miguel Grau de Abancay. Aún recuerdo su peculiar saludo y aquella frase que siempre me decía: “Saludos a tu madre, Mechita”, evocando también a quien hoy, seguramente, la espera en los portales del cielo. El tiempo pasó y nuestros caminos volvieron a encontrarse muchas veces. La recuerdo en su labor en el Banco de la Nación, siempre elegante, señorial y cordial con quienes compartían su entorno. Así era ella: una dama que sabía hacerse querer, cuya presencia dejaba una huella especial en la vida cotidiana de nuestro querido Abancay. También permanecerán en mi memoria aquellas conversaciones sencillas, pero llenas de afecto. “Hijo, ¿te casaste con Rocío?”, me preguntaba con esa familiaridad que solo tienen las personas que nos conocen desde hace muchos años. Y yo respondía: “Sí, gran señora”. Sus palabras siempre llevaban consigo preocupación, cariño y buenos deseos. Cómo no recordar también sus recorridos por las calles de nuestro Abancay, acompañada por quienes la conocieron y apreciaron. Era parte de ese paisaje humano que hizo de nuestra ciudad un lugar entrañable: sus calles, sus plazas, sus cerros y aquellos rostros conocidos que hoy comienzan a convertirse en recuerdos. Ahora emprende su último viaje. Quizá el Quisapata, testigo silencioso de tantas generaciones, contemple su partida; quizá el Ampay, majestuoso y eterno, acompañe este adiós con el trinar de sus aves. Y quizá las aguas del río Mariño, que tantas veces han recorrido nuestro valle, lleven consigo el recuerdo de una mujer que formó parte de la historia cotidiana de Abancay. Se va una gran señora, pero no se va su recuerdo. Quedan sus palabras, sus gestos, sus anécdotas y, sobre todo, el cariño de quienes compartieron algún momento de su vida. Hoy, desde el dolor de esta despedida, abrazo con afecto a su amado hijo, a su hija y a toda su familia. Sé que su ausencia será profunda, pero también sé que una madre, una amiga y una mujer querida permanece para siempre en el corazón de quienes la amaron. Gran señora Yola, hasta pronto. Un día, todos emprenderemos ese mismo camino. Mientras tanto, quienes permanecemos aquí seguiremos caminando por las calles de este querido Abancay, llevando en la memoria a quienes hicieron de nuestra vida un lugar más humano y hermoso. Descanse en paz, señora Yola Portugal Lizarazo. Dios la cuide por siempre.