Tamburco vibró con el récord de dominio del balón de los “Hermanos Patadita”
El distrito de Tamburco vivió una jornada llena de energía, admiración y orgullo. El 10 de octubre, cuando los reconocidos “Hermanos Patadita”, José Antonio y Juan Carlos Figueroa Wong, deslumbraron al público con una proeza digna de aplausos, dos vueltas y media alrededor de la Plaza de Armas, realizando 1,800 toques de balón en 18 minutos, ¡sin dejarlo caer ni una sola vez! Ante la mirada entusiasta de escolares, docentes, autoridades municipales y decenas de vecinos, los hermanos demostraron que el dominio del balón puede convertirse en una verdadera obra de arte. Con ritmo, equilibrio y un carisma que contagió a todos. Llevaron el deporte callejero a un nivel de espectáculo que fusionó técnica, talento y mensaje social. Lo que empezó como una demostración deportiva terminó siendo una lección de vida. Cada toque de balón fue una invitación a la disciplina, la perseverancia y la fe, valores que los “Hermanos Patadita” promueven incansablemente en cada presentación. Su lema —“NO a las drogas, NO al pan dillaje, NO al bullying, NO a la corrupción; SÍ al deporte, SÍ al respeto, SÍ al amor y SÍ a la fe en Dios”— resonó con fuerza entre los asistentes, especialmente entre los más jóvenes. Las redes sociales no tardaron en amplificar el momento con videos y fotografías del récord se viralizaron, mostrando al Perú entero cómo Tamburco se convirtió, por unos minutos, en la capital del talento y la inspiración. Durante la ceremonia de cierre, el área de Cultura y Deportes de la Municipalidad de Tamburco entregó a los hermanos Figueroa Diplomas de Honor, en reconocimiento a su récord y su compromiso con la juventud. Con humildad y emoción, los artistas agradecieron al alcalde y al pueblo tamburquino por el cálido recibimiento. Pero la historia no termina aquí. Los “Hermanos Patadita” ya preparan su próximo desafío, ellos viajarán a Lima para buscar un récord mundial por la paz y la salud física y mental a través del deporte, llevando su mensaje de esperanza y superación en bien de la humanidad. Tamburco no solo fue testigo de un récord, sino de una enseñanza: cuando el talento se une al corazón, el deporte se convierte en una herramienta de transformación social.
