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Quiero asistir a mi sepelio
Publicación: jueves, 25 de agosto de 2022

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Quiero asistir a mi sepelio

Quiero asistir a mi sepelio

Así es amigos. Con motivo de los tantos sepelios de amistades que se están dando en nuestro pueblo, uno de los tantos hinchas de CHASKI me ha traído una carta extraviada dirigida a quien la encuentre, la misma que había sido hallada en las cercanías del barrio residencial de Condebamba. La referida carta no lleva firma, es de un anónimo ciudadano que posiblemente luego de reflexionar y meditar bastante se atrevió a redactar, pidiendo una sola condición, que sea entregada al periodismo. La carta es bastante extensa, es de 4 páginas escritas a mano, de su contenido no se puede hacer mención a todas sus partes, por tanto, voy a extractarlo para formarnos una idea de quien pudo ser el autor de tan insólita genialidad. En las primeras hojas el autor hace una pequeña autobiografía, dice tener 50 años de edad, dice ser abanquino con una familia compuesta por 6 miembros, su esposa y 5 hijos, de ellos 3 varones y 2 mujeres, es empleado público, su sueldo lo cuantifica así: Lo comido por lo servido. Su esposa no trabaja, es ama de casa, pero atiende maravillosamente a sus hijos y a su esposo. El autor de la carta está delicado de salud, un médico cardiólogo que le ha hecho electrocardiogramas y otros exámenes le había manifestado terminantemente: Mire señor, por su familia y por usted mismo, de hoy en adelante se abstiene de fumar, de tomar bebidas alcohólicas especialmente tragos cortos, se abstiene de consumir alimentos condimentados incluyendo la carne, debe ingerir poco líquido, no abuse del exceso de dulce o sal y sobre todo camine bastante. El autor de la carta extraviada deduce que con esas recomendaciones; el médico le ha hecho entender que sufre del corazón y en cualquier momento puede llegar lo peor. Acatando las recomendaciones del doctor, se ha propuesto seguir al pie de la letra las instrucciones, pero posiblemente se nota él mismo que en cualquier momento puede suceder lo inevitable. Tomando en consideración esas circunstancias, el autor de la carta extraviada se imagina el futuro. En la vida real es una persona de las que llamaríamos: ni sal ni agua. Tiene relaciones cordiales con todo el mundo a excepción de unos politiqueros de oficio, por el cargo que desempeña en su centro de trabajo tiene la oportunidad de ayudar a sus familiares y amistades, pues, pertenece a varios grupos humanos importantes de la ciudad. Ahora que está dejando el cargo por motivos de salud, las personas a quienes favoreció desinteresadamente se están alejando de su amistad. En sus momentos de soledad reflexiona nuestro personaje y saca conclusiones, que este mundo está lleno de intrigas, que en este mundo campea el acomodo y la conveniencia. Nuestro personaje se resigna aceptar las ingratitudes de la amistad a la que él llama: “Amistad interesada” y en cuanto a la acción de los politiqueros y de los otros no le da mayor importancia porque sabe que es parte del folklore. Frente a esta realidad y ante la verdad de su estado de salud, el autor de la carta extraviada se plantea varias interrogantes partiendo de la siguiente premisa: SI DIOS LO PERMITE Y DEJO ESTE VALLE DE LAGRIMAS. ¿Mi muerte será realmente sentida por los que fueron mis amistades? ¿Tendré visitas en mi velorio? - ¿Quiénes acompañarán en la traslación de mis restos? - ¿Habrá una sincera condolencia hacia mi familia? - ¿Las personas a quienes he ayudado, retribuirán ese gesto hacia mi familia huérfana, en la misma forma que lo hice desinteresadamente? - ¿Habrá quienes se alegren de mi muerte? Finalizando su carta nuestro personaje dice textualmente: “Quisiera que Dios me dé el privilegio de saber la respuesta a mis interrogantes, que en los momentos que trasladan mi ataúd hacia mi última morada, mi cuerpo se traslade al cortejo reencarnado por un instante en un humilde mortal. Por favor Dios mío dame este privilegio, resucítame por un minuto y nada más, quiero saber realmente de qué color es este mundo”.

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    Chaski
    EDITOR