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Hoy Monday, 14 de September de 2026

Un debate regional que deja más preguntas que certezas
Publicación: Monday, 14 de September de 2026

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Un debate regional que deja más preguntas que certezas

Un debate regional que deja más preguntas que certezas

El viernes 11 de setiembre, Abancay fue escenario de uno de los momentos más importantes de la presente campaña electoral, con el debate entre los cinco candidatos al Gobierno Regional de Apurímac, organizado por el Jurado Nacional de Elecciones en el auditorio de la Universidad Tecnológica de los Andes. El encuentro tenía una finalidad clara, de permitir que la ciudadanía conozca y compare las propuestas de quienes pretenden conducir los destinos de la región durante el periodo 2027-2030. Y, en ese sentido, el debate cumplió su cometido. Los candidatos hablaron, prometieron, plantearon proyectos y expusieron su visión de lo que debería ser Apurímac en los próximos cuatro años. Pero, terminado el debate, queda varias interrogantes que debería acompañar al elector hasta el día de la votación, porque en política electoral parece relativamente sencillo anunciar hospitales, carreteras, proyectos productivos, infraestructura educativa, obras de saneamiento y otras grandes inversiones. Lo verdaderamente difícil es explicar cuánto costarán, de dónde saldrán los recursos, qué proyectos tendrán prioridad, cuánto puede financiar realmente el Gobierno Regional con su presupuesto y qué capacidad tendrá la futura autoridad para gestionar recursos adicionales ante el Gobierno Nacional. En este punto, el debate dejó más interrogantes que respuestas. No se trata de exigir que un candidato llegue al debate con el presupuesto regional aprobado bajo el brazo ni con cada proyecto completamente diseñado. Pero sí resulta razonable esperar que quien pretende convertirse en gobernador regional tenga, por lo menos, una idea clara de qué puede hacer, cuánto puede gastar, cuáles son sus competencias y cómo piensa financiar las principales propuestas que está ofreciendo al electorado. Apurímac necesita autoridades que sepan administrar, gestionar y priorizar. No únicamente candidatos capaces de entusiasmar a una audiencia con una larga lista de promesas. Y aquí aparece otro aspecto que no debería pasar desapercibido, durante el debate se pudo percibir que el nivel de preparación entre los cinco postulantes no fue uniforme. Algunos mostraron mayor desenvolvimiento y conocimiento de los problemas regionales; otros, en cambio, ofrecieron respuestas generales o tuvieron dificultades para desarrollar propuestas con suficiente sustento. Esta situación debería servir como una señal de alerta para el electorado. Ser gobernador regional no es simplemente ocupar un cargo político. Significa dirigir una institución pública compleja, administrar recursos del Estado, tomar decisiones de inversión, solucionar conflictos sociales, coordinar con alcaldes y ministerios, gestionar ante el Gobierno Nacional y responder por las necesidades de cientos de miles de ciudadanos. La buena voluntad no basta. El entusiasmo tampoco y mucho menos una campaña llena de promesas. La experiencia, la preparación, la capacidad de gestión y la conformación de un equipo técnico competente deberían pesar considerablemente en la decisión de cada elector. La fiesta electoral también estuvo en los exteriores del rencintoMientras dentro del auditorio los candidatos exponían sus propuestas, en los exteriores se vivía otra cara de la campaña. La lluvia que cayó sobre Abancay no logró apagar el entusiasmo de los simpatizantes. Con banderolas en mano, arengas y cánticos partidarios, los seguidores de las diferentes organizaciones políticas permanecieron en los alrededores, expresando su respaldo a sus respectivos candidatos. Fue una imagen característica de toda campaña electoral, colores, consignas, entusiasmo y militantes convencidos de que su opción política es la mejor. Por momentos, los exteriores de la UTEA se convirtieron en una verdadera fiesta democrática y electorera, pese a las condiciones climáticas. Y esa imagen también forma parte de la democracia. Las preferencias políticas se expresan libremente y cada ciudadano tiene derecho a defender y respaldar la opción que considere conveniente. Pero el entusiasmo de una campaña no debería sustituir la reflexión que exige una elección. Ahora le toca al elector Después del debate, probablemente muchos ciudadanos ya tengan una idea más definida sobre por quién votar. Algunos habrán confirmado su preferencia; otros quizá hayan cambiado de opinión y seguramente habrá quienes continúen indecisos. Y es precisamente ese último grupo el que puede resultar determinante. Los próximos días deberían servir para que los electores revisen las propuestas, comparen a los candidatos y, sobre todo, busquen respuestas a aquello que durante el debate quedó en el aire. No basta preguntar qué obra hará un candidato. Hay que preguntar también cuánto costará, cómo la financiará, cuánto tiempo demorará, si existe un proyecto viable y si el Gobierno Regional tiene competencia para ejecutarla. No basta escuchar que se generará empleo. Hay que saber cómo se impulsará la economía regional. No basta ofrecer mejores servicios públicos. Hay que conocer qué estrategia se plantea y con qué recursos. No basta hablar de desarrollo, sino explicar qué modelo de desarrollo se propone para Apurímac. En definitiva, el elector tiene que dejar de mirar solamente la promesa y comenzar a mirar la capacidad para cumplirla. El 4 de octubre no se elegirá al candidato que haya prometido más. Se elegirá a quien tendrá la enorme responsabilidad de administrar los recursos públicos y tomar decisiones que afectarán el futuro de Apurímac, por eso, después de escuchar a los cinco candidatos, la pregunta ya no debería ser simplemente: “¿Quién me gusta más?” La pregunta debería ser mucho más exigente: ¿Quién está realmente preparado para gobernar Apurímac? La respuesta, finalmente, estará en manos del elector.

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    Chaski
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